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Energía >> Nicola Borregaard: “Queremos cambiar la cultura en el uso de la energía”
Tradicionalmente, frente a las crisis por racionamiento eléctrico, el Estado y las empresas han coincidido en campañas de sensibilización cuyo éxito no puede ser desestimado, ya que incluso han generado ahorros de hasta un 10% del consumo. Sin embargo, superado el problema puntual volvemos a adoptar los patrones tradicionales de uso de la energía, tanto en el sector industrial como domiciliario.

Este modelo, aplicado de preferencia durante los meses invernales, es el que no quiere seguir el Programa País de Eficiencia Energética, PPEE. Para  ello, su directora ejecutiva, Nicola Borregaard, explica que se trabaja en estrategias y modelos de incentivo de largo plazo, que produzcan cambios estructurales que no se desvanezcan cuando se abre una llave de gas en Argentina o comienza a llover nuevamente.

Los programas sin objetivos específicos parecen destinados al fracaso. En números, ¿cuál es la meta del PPEE?

El potencial estimado de reducción en el consumo, sobre la base de la eficiencia energética, es de un 1,5% anual, con una disminución acumulada de 16% en 10 años. De cumplirse esta meta, y por lo tanto al disminuir la demanda, el ahorro deberá traducirse en un menor consumo de energía primaria y en una menor necesidad de potencia eléctrica instalada en el país.

¿En qué se diferencia este programa con respecto a factores coyunturales, como el alza de precio de los combustibles, que naturalmente incentivan un mejor uso de la energía?

Efectivamente, el precio de la electricidad o los combustibles tiene un impacto como el que observamos el año pasado, cuando comenzó a producirse un desacoplamiento entre el consumo y la producción. Éste es un fenómeno interesante que nuestro programa busca fortalecer, pero obviamente queremos que su efecto no sea estrictamente coyuntural, sino que pueda permanecer en el tiempo. La forma como consumimos energía es un problema sistémico que requiere la intervención simultánea a distintos niveles (cultural, tecnológico, gestión), en distintos sectores y con una multiplicidad de actores.

¿Cómo se puede lograr que la eficiencia energética pase a ser parte de nuestra realidad cotidiana y de los sistemas productivos?

Son muchos los mecanismos que se pueden aplicar y estamos estudiando diversas experiencias. En Europa, por ejemplo, se está implementando una regulación sobre consumo energético en viviendas y edificios. La eficiencia energética pasa, de esta manera, a tener un valor en el mercado desde el momento en que los usuarios tienen información sobre el consumo del edificio que habitan o del que piensan arrendar o comprar. En nuestro caso, estamos trabajando en conjunto con el Ministerio de Vivienda y Urbanismo, en mecanismos de medición y certificación del consumo energético en viviendas.

También a nivel internacional se aplican programas de incentivos, por ejemplo, para el cofinanciamiento de consultorías, diagnósticos, o bien créditos blandos para la adquisición de equipos más eficientes. Estamos trabajando en mecanismos de este tipo con Corfo, que están en la última fase de aprobación y que podrán ser conocidos en los próximos días.

¿Incluye esta estrategia campañas como las que estamos acostumbrados durante los años de sequía o de escasez de combustibles?

El enfoque tradicional de las campañas ha demostrado que puede ser efectivo, pero también es evidente que no genera cambios en el comportamiento de los consumidores y, por lo tanto, no tiene capacidad de perdurar. Queremos combinar campañas con actividades concretas, con reglamentaciones e instructivos que produzcan un cambio en esta cultura del uso de la energía.

Como ejemplo, comenzaremos pronto a poner en práctica un sistema de etiquetado de electrodomésticos, para el que consideramos un período de prueba y adaptación de seis meses. Proyectamos que en abril próximo apoyaremos este proceso con una campaña dirigida a los consumidores, para que estos puedan incorporar en su decisión de compra la eficiencia energética.

Algo similar deberá hacerse con el trabajo que hacemos con los fabricantes y distribuidores de ampolletas, con los que estamos buscando que la eficiencia energética se asocie también con la calidad. Queremos que el público relacione ampolletas de bajo consumo con calidad, para que tenga sentido su decisión de compra.

Con relación a este tema, ¿se han aprovechado los avances logrados en la aplicación de la norma de emisión para la regulación de la contaminación lumínica?

La norma de contaminación lumínica tiene un área de aplicación restringida al norte del país y responde a los requerimientos de estas localidades, a la vez que fue diseñada expresamente para proteger la calidad de los cielos nocturnos. No obstante, esta experiencia ha demostrado beneficios relacionados con la eficiencia energética, que han sido tomados en la propuesta de una norma de alumbrado público, que sí tiene alcance nacional.

Generalmente se asocia la eficiencia energética a la electricidad. ¿Ésta es la única área de acción del PPEE?

No, la electricidad es sólo parte del PPEE. De hecho, estamos trabajando con el Ministerio de Transportes y la Secretaría Interministerial de Planificación de Transporte, Sectra, para elaborar un sistema de medición del consumo de combustible del transporte de carga interurbano.

¿Existe un mayor potencial para lograr reducciones en el consumo en el sector industrial o en el domiciliario?

Las cifras no son exactas porque todavía faltan algunos estudios. No obstante, en el sector domiciliario y de la construcción hemos calculado un potencial de reducción de 1% anual, en tanto en el industrial esta cifra se sitúa entre el 0,8% y el 3%, según el subsector que se trate.

Para la industria, las estimaciones de reducción todavía son muy gruesas, por lo que el Programa está centrando sus esfuerzos en reunir información de base y comprender en detalle lo que ocurre con subsectores como el maderero, metalmecánico y agroindustrial, específicamente el vitivinícola. Conociendo la situación actual de estas industrias, sus procesos y tecnologías, y comparando estos antecedentes con lo que ocurre en otros países, podremos proyectar de mejor manera las posibles disminuciones en el consumo de energía y los plazos que podemos manejar.

Quienes trabajamos en el Programa sabemos que ninguna actividad por si sola va a lograr los niveles de reducción que precisamos. Tenemos que trabajar en profundidad en cada sector para alcanzar, además de una mayor eficiencia energética, un cambio en la cultura del uso de la energía.

 



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